Recuerdos de una noche de verano.

   


Hoy no escribiré nada nuevo, copiaré de mi ordenador un relato que hice cuando aún creía en los cuentos de hadas. Era inocente, joven y delgada y me decidí a escribir una historia corta sobre el amor. No veo día más adecuado que hoy (14 de febrero) para compartirla con vosotros. Disfrutarla tanto como yo hice escribiéndola. El próximo post no dudéis que volveré a ser yo misma.



          " ¿Cuándo nos damos cuenta realmente qué sentimos amor? Al principio de nuestras vidas, el amor es algo muy bonito. Amor hacia tus padres: esas personas que sabes que nunca te fallarán, siempre estarán allí cuando te hagas una herida o cuando te caigas en el parque. El amor fraternal es algo más complicado ya que al principio está impulsado por los celos. Tienes dos años y a tu hermano pequeño le sientan en el cochecito mientras que a ti, porque como dicen todos eres mayor, te hacen andar medio kilómetro para luego llegar al parque y que tu madre te diga: "¿pero hijo qué pasa, por qué no corres?".

Cuando creces te das cuenta que ese mocoso al que tirabas de los pelos cuando tus padres no miraban, se ha convertido en tu salvador en el cole. Ya nadie te puede llamar freaky cuando vayas con tus cartas del Magic en la mochila, porque quién lo haga sabrá la fuerza bruta que puede tener tu hermano en su puño derecho.

Él se ha convertido en popular. Popular, esa palabra que tanto daño está haciendo a lo largo y ancho de los institutos de este mundo. "Quién no es popular, no existe" Y tu hermano es uno de ellos, está en la cúspide, es el rey. Y a ti, que a veces hasta a los profes se les olvida tu nombre, te sale el sentimiento más oscuro que has sentido nunca: la envidia. Tantos años camelándose a Lucía, enviándole miraditas en el patio y metiéndole cartas de amor en la mochila, para que ahora esté con tu hermano. Cada día se van al rincón de los besos a meterse toda la lengua en la boca del otro hasta que no pueden respirar. Tú les miras y les odias "ojalá les salga un herpes" piensas.

Tienes dieciséis años, estás en plena adolescencia y ahora la envidia del pasado se ha convertido en orgullo. Él te ayudó a dar el primer beso a Laura. No estaba tan buena como Lucía pero era más dulce. Estuviste saliendo con ella tres maravillosos meses y todo gracias a él. Te quiero hermanito. Ahora se ha convertido en un crack de los números. Es responsable con sus pequeños trabajos de verano y su popularidad ha ido menguando des de que sus notas empezaron a subir. Nunca entenderás porque los que molan, siempre tienen que ser los que fuman en los lavabos de abajo y no los que saben hacer ecuaciones de segundo grado.

Pasan los años y te das cuenta la importancia que tienen las tías. Si un colega te pide cuarenta euros para invitar a cenar a su novia, le das veinte y le dices: "anda chaval, vete al McDonald´s"; pero si Sandra te dice déjame setenta para la pelu, le das ochenta y le dices: "toma guapa y diez más para el taxi". Y es que, así es al amor a los veinte: se hace lo que sea por una pava. Tu hermano y tú ya no vivís juntos. Él se ha sacado una beca y ahora está en Londres estudiando. Le echas mucho de menos, ¿con quién vas a hablar ahora de a quién te has ligado? "Tendré que ir algún finde y de paso probar como son las inglesas en la cama"

A los veinticinco ya has tenido dos novias medio formales y sientes el deseo de libertad. Vas de fiesta, te tomas dos Gin tonics y te crees el rey del mundo. Eres guapo, las tías te lo dicen y aunque tú ya lo sabes, te encanta oírlo de sus labios, ¡es tan sexy!. Te cuidas mucho, vas al gimnasio, te compras ropa de marca y todo eso da sus frutos cuando te llevas a la cama a la chica más guapa del local. Sí, disfrutas mucho, pero ahí el amor que sientes es más por ti mismo que por los demás.

Con treinta Lola entra en tu vida. Una morenaza de metro setenta y ojos verdes que te roba el corazón. Estás seguro de que es la mujer que siempre has soñado y te enamoras hasta los huesos. Darías todo por ella; si te pide ir a vivir juntos, lo harías; si te pide tener hijos, estás completamente seguro que seríais unos padres estupendos. ¿Qué dirían tus amigos si te oyeran? En estos momentos no te importa nada, sólo ella. Pero cuando piensas que viviréis juntos hasta la muerte, ella te deja sin ninguna explicación.
 -¡¿Por qué? ¿Qué he hecho yo? No te vayas que lo podemos arreglar, ¿no?!- Gritas desesperadamente.
Lloras, te pones delante de la puerta para no dejarle pasar. Suplicas. Haces todo lo que se te ocurre pero como única respuesta te da dos maletas y un portazo. Te quedas hecho polvo y ahí por primera vez ves que el amor también puede ser amargo.
Entras en una pequeña depresión y te ríes ahora de lo mal que lo pasabas de adolescente. ¡Esto sí que es sufrir! Pasas por todas las fases. Primero odio hacia Lola. Se te pasan por la mente todos los insultos habidos y por haber. Cada mañana cuando te levantas haces lo mismo: pensar en lo zorra que ha sido y en lo engañado que te tenía. A lo largo del día también te vas acordando de todos los miembros de su familia.
La segunda fase es echarte la culpa, no entiendes por qué ha pasado. Piensas en todas y cada una de las situaciones que habéis vivido juntos, o al menos las que te acuerdas. Analizas cada detalle, cada palabra y cuando llevas más de un mes así y ves que no has encontrado ninguna razón para que ella se marchara, pasas a la tercera fase: aceptación. Tú has hecho todo lo que has podido y es ella quién se ha ido. Llegando a esa conclusión puedes empezar a vivir de nuevo.

Y lo haces, claro que lo haces. Te das cuenta que el amor nunca se ha ido de tu lado. Que aunque no tengas pareja, tienes familia, tienes amigos y tienes mucha gente que te quiere.
Pasas una época de bala perdida en dónde sabes apreciar a las mujeres, no sólo te limitas a utilizarlas como hacías a los veinte. Les mimas, les invitas a cenar, les tratas bien, porque tu naturaleza es ser amable con todos, y piensas que las mujeres son tan maravillosas que hay que tratarlas con cuidado para no perderlas y descubres que ellas aprecian más a un hombre como tú que a cualquier machito de gimnasio.

Hace ya seis meses que se fue Lola, has tenido varias citas con mujeres extremadamente inteligentes, tanto, que alguna hasta te daba miedo. Pero por diferentes motivos no ha surgido nada serio, ¿quizás es que  Lola te ha afectado más de lo debido?. ¿No son seis meses suficientes para borrarla? En eso vas pensando mientras aparcas en la esquina del local. El mismo local para ser exactos que las citas anteriores " Voy a conocer a otra mujer" Otra velada que tus compañeros de curro te han preparado, ¿otros sesenta euros tirados a la basura? "Espero que no" piensas mientras te diriges a la mesa. Lorena es guapa pero no demasiado, es lo que se dice resultona. Ojos marrones, pelo largo y liso, delgadita, "es maja" piensas. La cita va transcurriendo bien, te ríes, es agradable, pero no te quieres hacer muchas ilusiones porque al principio con las demás también era así. Aprovechas que ella va al lavabo y te vienen a la memoria imágenes del pasado. Recuerdas que hace unos años entrabas en este mismo local y ya te habías fijado en tres rubias antes de sentarte. E incluso te reías de gente que como tú ahora, vestía con camisa y pantalones de traje para ligar con alguien de más de treinta, "que puretas que son" pensabas, "¿No les da vergüenza ir a un sitio de jóvenes vestidos con esa pinta?" se te escapa una sonrisa y como ves venir a Lorena, de paso se la dedicas.
Ahora te lo devuelve sentándose a tu lado. Hasta entonces había estado enfrente. El alcohol está haciendo su efecto, la ves muy atractiva. No puedes dejar de mirar sus labios y pensar que te perderías en ellos si pudieras; te acabas de fijar que tiene unas preciosas y largas pierna; que fallo eso a los veinte no se te hubiese pasado por alto. Lo que más te gusta de tu edad es la madurez, antes sólo querías llevarte a la cama cuanto antes a una chica, ahora aprecias poder sentarte a conocer a alguien y maravillarte con su opinión ante el cambio climático, o cómo afectan las drogas a los jóvenes. Evidentemente si ella te dice de acabar la noche en su casa no le dirás que no, lo de que "todos los hombres son unos cerdos", no es una frase hecha. Y tú como hombre, formas parte de esta piara mundial.
Después de Lorena hubo una Marta, una Lidia, otra vez Lorena, una Claudia, de nuevo Lorena, una Mary (ahí fue cuando cumpliste tu sueño del pasado de tirarte a una inglesa) y después Lorena, Lorena, Lorena y Lorena. Y es que sin haberlo planeado y sin haber sentido la flecha de cupido, como te había pasado con Lola, te enamoraste profundamente de Lorena.
Tu hermano que ahora vivía aquí de nuevo fue el primero en saber que le ibas a pedir matrimonio. Hasta él te aconsejó con el dichoso anillo, Dios, que nervioso estabas, recuerdas que tuviste que pedir varias veces que te cambiaran los cubiertos porque se te resbalaban de los sudadas que tenías las manos... ¡¡¡Y que felicidad cuando ella te dijo que sí!!!

Ahora tienes cincuenta años, y Lorena sigue a tu lado; no eres creyente pero por si acaso le das gracias a Dios todos los días para que eso continué así. Has tenido dos hijos con ella, los cuales ahora te están pidiendo dinero para salir. Y es que tienen 15 y 18 años. Si supieran lo que hacías tú a su edad... Prometiste no decir esa frase a tus hijos nunca, porque tu padre, que en paz descanse, no paraba de repetírtela una y otra vez. Pero rompiste tu promesa, en cuando Marcos cumplió trece y se pilló su primera borrachera, ¡zas! se la dijiste. Y en cuanto salieron las palabras de tu boca, te echaste a reír acordándote de tu pequeña promesa, inmediatamente te pusiste a llorar acordándote de tu padre, y al final Lorena no sabía si los dos cartones de don Simón se los había bebido Marcos o tú... ¡Vaya día que pasaste! Una decena de recuerdos pasan por tu mente hasta llegar a tu casa, tu salón y tu conversación actual con tus hijos.
Drack, el perro está sentado a tu lado y te mira porque le acabas de dar (un poco inconscientemente) tres billetes de veinte a cada uno. "Venga, a esta os invita papá" piensas. Y sigues delante del ordenador escribiendo estas líneas que por algún extraño motivo te apetecía escribir. Cincuenta años de recuerdos escritos en dos páginas, sonríes, tú nunca has tenido muy buena memoria.
Así que para acabar dirás que el amor es un sentimiento tan maravilloso como lo pintada Walt Disney, sólo hay que ser paciente y acabará llegando a tu vida. Y mientras llega y no llega dedícate a ser feliz."





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